Mi ciclo contigo terminó.
No porque te odie, ni porque me falte amor, sino porque me sobra dignidad.
Ya no tengo nada más que ofrecerte que no sean reclamos y reproches nacidos del cansancio, de ese desgaste silencioso que mata poco a poco la esperanza.
Me doy cuenta ahora: no eras lo que soñé, eras lo que idealicé.
Te inventé virtudes, te puse un brillo que nunca tuviste. Y como muchas veces hace el corazón, me aferré a recuerdos bonitos para justificar un presente que me estaba rompiendo.
Le di tantas oportunidades a esto, que me olvidé de darme una a mí.
Sostuve más de lo que debía, esperé más de lo que recibí, y callé más de lo que mi
alma merecía.
Hoy cierro este capítulo sin miedo, con lágrimas quizás, pero con la certeza de que el amor jamás se pide ni se mendiga.
El verdadero amor no roba paz, la construye.
El verdadero amor no se suplica, se comparte.
Y ahora entiendo: la relación más importante de mi vida no es contigo, es conmigo.
A esa sí le voy a dar todas mis fuerzas, toda mi paciencia, todo mi cariño.
Porque lo que no supe encontrar afuera, voy a cultivarlo dentro de mí.
































































