Usted tranquilo…
Que ya no recibirá mis mensajes llenos de vida.
Ni esos “buenos días” que leía sin contestar.
Ni las llamadas que ignoraba como si fueran ruido.
Ni las preguntas que solo querían saber cómo estaba… porque yo sí me preocupaba por usted.
Usted tranquilo…
Que ya no tendrá que fingir que me escucha.
Ya no tendrá a esa mujer que lo buscaba con el alma,
que lo admiraba incluso cuando no se lo merecía,
que lo defendía de todos… mientras usted no me defendía de nadie.
Esa mujer que llegaba sin que se lo pidiera,
que aguantaba sus desplantes y sus silencios crueles,
solo por seguir a su lado… ya no está.
Usted tranquilo…
Porque esa “necia” que mendigaba un poco de amor,
ya entendió que rogar no es amar.
Y no, no haré escenas.
No habrá mensajes hirientes ni explicaciones en persona.
Me iré.
Con la misma dignidad con la que llegué,
con la frente en alto aunque el corazón roto.
Porque algunas mujeres… no hacen ruido. Pero cuando se van, no regresan.
Y un día, cuando busque mi nombre, no lo encontrará.
Cuando intente buscar mi olor en otros abrazos… ya será tarde.
Porque aprendí que no hay peor abandono que quedarse donde no se es vista.
Y que no hay peor pérdida que perderme a mí misma por amar a alguien que no me valoró.
Así que, usted tranquilo…
Que esa mujer que le dio todo, ahora… se lo da a sí misma.



























































