“No es necesario que alguien te haga daño
para que decidas irte,
a veces basta con su indiferencia.
A veces tienes que marcharte
y no por falta de respeto,
ni por falta de cariño,
sino por falta de atención.
Algunas veces te alejas de una persona,
no por lo que te dice,
ni por lo que hace
sino por lo que no dice
y por lo que no hace.
Ocurre a menudo,
que la única razón que hay para marcharte,
es que no existe ninguna razón para quedarte”.























































































