Soy esa… y no me pienso disculpar por serloSoy esa
Soy esa… y no me pienso disculpar por serlo
Soy esa…
que carga más de cuarenta inviernos en el cuerpo
y no pide permiso para ser quien es.
La que ya no le teme a la opinión ajena,
porque aprendió que nadie tiene derecho a nombrarla si no ha vivido en su piel.
Soy esa…
la de las estrías como mapas de batallas ganadas,
la de los pechos que desafían la gravedad y aún así saben amar,
la de la piel que ya no es tersa, pero sigue siendo refugio.
La que tiene los ojos marcados por las risas…
y también por los llantos que nadie vio.
Soy esa…
la que lleva canas en el cabello y cicatrices en el alma.
La que sonríe con tristeza, pero no se apaga.
La que camina con miedo, pero no se detiene.
La que ama con locura, aunque a veces no la amen igual.
Soy esa…
que conoció la traición y aún así cree en el amor.
La que se le han roto las alas más de una vez
y las ha pegado con lágrimas y dignidad.
Soy esa…
con manías raras, pensamientos caóticos y silencios que duelen.
La de los besos que saben a café recién hecho
y las caricias que huelen a otoño.
Soy esa…
la intensa, la que siente todo o nada,
la que no se conforma con medias tintas
y prefiere un corazón roto a uno vacío.
Y sí…
soy esa que ya no busca encajar,
porque entendió que fue hecha para desbordarse,
no para caber.
Esa soy yo…
y no me pienso disculpar por serlo.
Mujer de mayo.
This powerful poem captures the essence of a confident woman embracing her authentic self. It touches on themes such as aging gracefully, self-acceptance, resilience through life's struggles, and the rejection of societal pressures to conform. The imagery of "estrías como mapas de batallas ganadas" (stretch marks as maps of battles won) and "pechos que desafían la gravedad" (breasts defying gravity) vividly highlight the beauty in natural changes and life experiences. Women often face internal and external expectations that can challenge their sense of identity. This piece advocates for unapologetic self-expression and owning one’s unique story, including scars, both physical and emotional. It emphasizes the importance of valuing one’s journeys, including moments of joy and pain, as integral to being whole and strong. In today's culture, self-love and body positivity movements echo the poem's message, encouraging women to celebrate their individuality beyond societal ideals of perfection. Concepts like embracing gray hair, accepting wrinkles, and honoring emotional scars align with a broader shift toward mental wellness and empowerment. For women navigating midlife and beyond, poems like this foster a sense of solidarity and inspire courage to live authentically. It emphasizes that authenticity is not just an act of self-respect but also an invitation for others to appreciate genuine humanity. Ultimately, this lyrical expression is a celebration of womanhood that resonates universally—reminding all readers to embrace their own stories, find strength in vulnerability, and live without apology for being exactly who they are.

