Hay lugares en el alma que nadie sabe habitar, rincones que guardan el eco de las cosas que no fueron dichas. Te duele ahí, donde te quedaste esperando, como si el amor pudiera ser un tren que siempre llega tarde o una puerta que olvidamos cerrar. Es extraño pensar cuánto tiempo uno puede quedarse en ese umbral, entre lo que quiso ser y lo que nunca fue.
Y, sin embargo, seguimos sosteniendo espacios abiertos, a veces por demasiado tiempo, como si la ausencia pudiera llenarse con la esperanza. Pero un día algo cambia. No porque olvidemos, sino porque entendemos que no podemos seguir dejando nuestra calma en manos de alguien más.
Un día algo se quiebra, pero no afuera. Adentro, en el silencio, en ese espacio que antes llenabas con la espera. Y entendés que no se trata de cerrar ni de soltar, sino de sostener: sostenerte, con todo lo que no recibiste, con lo que no supiste pedir, con lo que quedó pendiente.
Porque hay ausencias que no pesan más, sino distinto. Ausencias que acomodan las cosas, que despejan los caminos. Y, aunque el dolor no desaparece del todo, aprendés a caminar con él. A guardarlo donde ya no te arranque el aire.
No es fácil. Porque aprender a irnos -o a dejar que se vayan- es un acto que no solo duele, sino que nos enfrenta con lo que creemos que merecemos. Pero cuando al fin lo hacemos, algo se aligera. No dejamos de sentir, dejamos de esperar. Y eso, por más extraño que parezca, nos devuelve a nosotras mismas.
¿Dónde te duele? Ahí. Justo ahí es donde comienza todo. less #tiempo #gettoknowme #life #vida #frases






































































































