@maredithpimandu
¿Qué pasaría si al despertar una mañana, descubrieras que estás vivo? ¿Que la persona que amas está a tu lado? ¿Qué tienes hijos maravillosos? ¿Una casa con electricidad, agua limpia y una ducha? ¿Un rico desayuno? ¿Un auto para ir al trabajo? Ser agradecidos nos hace más felices. El secreto está en ser capaces de dar las gracias sin que ocurran hechos extraordinarios. Así se consiguen estar más contentos sean cuáles sean las circunstancias de nuestras vidas. Hay dos clases de gratitud, la un condicional y la incondicional. La primera consiste en sentirse bien cuando las cosas salen como una espera. Como no siempre es así, acaba siendo una emoción esquiva y poco duradera. La segunda consiste en una actitud y un hábito de vida, sentirse bien sin que haya ocurrido nada especial, es decir, estar agradecido por todo y por nada a la vez. Y al no estar condicionada por ningún otro acontecimiento, esta actitud es precursora de felicidad y el éxito personal en la vida. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos estamos recibiendo las bendiciones de innumerables personas, la mayoría desconocidas, que hacen de nuestras vidas una experiencia mejor. Si contásemos cuánta gente nos sirve directa e indirectamente en un solo día de nuestra vida, no podríamos más que sentir puro agradecimiento. Es innegable que debemos un inmenso reconocimiento a infinidad de personas, que hacen posible que sigamos con vida o que disfrutemos de nuestro momento actual tal como es. Y para poder expresarlo es necesario estar muy presente de manera que seamos conscientes de las cosas buenas positivas que nos rodean. Cuando reflexionamos sobre todo ello, cada día se convierte en una sucesión de oportunidades.





























































