El fariseo hablaba de lo bien que hacía las cosas; el publicano solo pedía misericordia. Me pregunto: ¿cómo me acerco yo a Dios? A veces, me justifico. Otras, reconozco mi fragilidad. Hoy, Jesús me recuerda que la verdadera oración nace de un corazón sencillo que se sabe necesitado.
El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: 'Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador’”.
—Lc 18, 13. 🛐🙏🏻✝️


















































































AMEN