Ese momento me recordó algo más grande:

Dios cambia trayectorias. Así como cambió la mía esa noche, también cambió la nuestra cuando envió a Jesús. Íbamos rumbo a la perdición, pero Él alteró el rumbo para darnos vida, esperanza y redención.

Hoy no tengo duda: el poder de Dios sigue actuando, aún cuando los diagnósticos digan una cosa, Él tiene la última palabra.

2025/10/11 Edited to