Hay días en los que el cansancio no es físico, es del alma. Días en los que una solo quiere ese abracito seguro, el que no juzga, el que no pide explicaciones. Y duele no tenerlo ahí en ese momento. Duele muchísimo. Llorar no es retroceder. Llorar es soltar peso. Es el cuerpo diciendo “ya no pue