Dios te dice:
Hija mía, a veces tus mayores enemigos no están afuera, sino dentro de ti: tus miedos, tus dudas y esos pensamientos que buscan robarte la paz. El miedo quiere paralizarte y
desenfocarte, pero Yo no te he dado espíritu de temor, sino de poder, amor y dominio propio. No albergues pensamientos que sean contrarios a los Mios, amada hija.








































































