Una relación sana no se trata de quién tiene la razón o quién se equivoca.
Se trata de cómo se vuelven a encontrar después de que algo sale mal.
Cuando ambos pueden pedir perdón tras un malentendido, eso es poderoso.
Significa que les importa más entenderse, que defender el ego.
Demuestra que su amor es más grande que su orgullo.
Porque la verdadera fortaleza en una relación no está en nunca equivocarse,
sino en ser capaces de decir: “Lo siento”… y decirlo de verdad.
Así es como crece la confianza.
Así es como el amor se profundiza.
Y así es como dos personas realmente construyen algo que perdura.



























































