¿Y qué si el tiempo pasa?
¿Y qué,
si tus cabellos hoy brillan como hilos de luna?
Dios los pintó con su sabiduría,
para que recuerdes cuántas veces te sostuvo.
¿Y qué,
si en tu rostro viven pequeñas huellas del tiempo?
Son las líneas que el Creador dibujó
cuando te vio sonreír en medio de la prueba.
¿Y qué,
si tu cuerpo ya no es el de antes,
si los años dejaron marcas y las fuerzas se van?
Dios no mira tu figura,
Él mira el fuego que aún arde en tu alma.
¿Y qué,
si el mundo juzga tu reflejo,
si no entienden tu manera de vestir o tu forma de ser?
Mientras tú te mires con los ojos del cielo,
todo estará bien.
Porque no hay perfección más grande
que la de una mujer sostenida por la gracia,
una mujer que cayó, lloró, oró y se levantó,
una mujer que confía en Dios
más que en el espejo.
¿Y qué si cambiaste, si ya no eres la misma?
Significa que Dios te ha moldeado,
que en tus heridas floreció la fe.
Y aunque el mundo no lo entienda,
Él te llama hermosa,
porque fuiste creada con propósito,
y en sus manos sigues siendo su obra perfecta.
Gracias a Dios por ti, mujer de fe,
porque en ti Él dejó un pedacito de su amor eterno.





















































































