Día 2 — No tengo que olvidar, solo sanar
Sanar el pasado es un acto de fe. No se trata de borrar lo vivido, sino de entregarle a Dios lo que aún duele para que Él transforme las heridas en sabiduría. Cada recuerdo, cada caída, cada silencio tuvo un propósito. Aunque no siempre lo entendamos, el Señor puede usar hasta lo que nos quebró
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